miércoles, 21 de diciembre de 2011

UN MILAGRO DE AMOR. 1981


Reunidos en un brindis de amistad.
Disfrutábamos alegremente, del calor incomparable
Que nos traen los villancicos, recuerdos agradables,
Además del pino, la pascua, el perfume de la Navidad.

           Comentábamos tan alegres acontecimientos,
           De las chapinas que son nuestras tradiciones
           Los tamales, las posadas y sus canciones,
          Así como los cohetillos y los nacimientos.

Las luces que titilaban al instante,
En la pastorela que habíamos ingeniado,
Con San José y la Virgen adornado.
Esperando pacientemente la venida del bello infante.

Juntos en familia observábamos prestos el solar,
Cuando una límpida y blanca estrella
De fulgor esplendoroso, cálida y bella
Surgió de la nada e iluminó nuestro hogar.

Fue un sueño, no lo se, un milagro, una luz
Que apareció radiante de amor, bondad y cariño,
Posó en nuestro nacimiento, a un divino niño,
Y así nos habló el Dios Jesús.
.  
En los campos mis ovejas vi perdidas y descarriadas
Pastando sin guía y menos esperanza,
Asuzadas por los males de la venganza,
                       Pecadoras ausentes y de su fé abandonadas.

Cientos y muchas permanecieron perdidas
A pesar de mis consejos y mi palabra de redención,
Olvidaron pronto hablarme en forma de oración
Y se condenaron a perder su alma y sus vidas.

           He enviado mis heraldos con mi voz de aliento, 
           He dado el ejemplo naciendo en pesebre pobremente,
           Para enseñar y unir a mis hijos eternamente,
           Alejándoles del pecado y del desaliento.

Y a hombre y mujeres dije: Deben de luchar,
Y del mal no dejarse vencer,
Pues el cielo tendrás que hacerte merecer
Si a Cristo, tu Dios, vienes abrazar.

Ve y diles a todos, con quien vienes a cantar
Con fervor creciente y llenos de emoción
Pues el orar será tu única salvación,
Y te encomiendas a Dios en Altar.
--- ¡Y el niño ya no volvió ha hablar!---

Cuando volví en si, todo era calma,
asustados e ignorantes nos mirábamos atónitos,
sin poder explicar el fenómeno ocurrido
que reconfortaba felizmente el espíritu y el alma.

                    Sobre la sorpresa que aun no comprendíamos
                    Mi hijo, el pequeño, incrédulo preguntaba,
                    Si el Niño Dios, era el que así nos hablaba
                    Porque no lo hacía día a día.

Respondí que Jesús, así en ocasiones se manifestaba,
Que afortunados nosotros que le escuchábamos,
E invitaba a manifestarle nuestro respeto a él orábamos
Ya que era de Dios una bendición que nos enviaba.

          Ya en silencio nos inclinamos al Redentor
          Comunicándonos, para darle gracias por tan dulce momento
          Que había llenado de luz nuestro aposento
          Y que dejaba en el aire Un Milagro de Amor.
 
Haroldo Medina Girón
Sofía Guillén de Medina
Haroldo, Juan Pablo y Alejandro Medina Guillén.














                   

No hay comentarios:

Publicar un comentario